viernes, 12 de octubre de 2007

MÁS ALLÁ DEL HORROR

estará el paraíso
algo así
como ir al fútbol sin buscar la muerte
algo así
como ir y regresar cada día de la escuela
algo así
como que aunque el demonio esté en el cuerpo
y no sea solo un fruto de la imbecilidad
los padres sepan
más allá de todo
que los niños y niñas son cada uno un templo
y un sagrario
un santuario inviolable
y sobre todo niños
solo niños y niñas
quizá desamparados
ante nuestra desidia
y nuestros viejos miedos asesinos

jueves, 11 de octubre de 2007

UNA PALABRA TUYA

la que sea
solamente
para saber
que seas lo que seas
estás ahí

la que pudo haber sido
solamente
para decir
que sea lo que sea
sabes
que estoy aquí

EL 'LADO OSCURO' DEL CHE GUEVARA

No voy a defender al Che Guevara. Ni a atacarlo. Ni a hablar, salvo colateralmente, de mis sentimientos respecto del personaje histórico. Eso me lo reservo para mis conversaciones privadas, y menos, pues ya me he escapado de recibir algún piñazo por este asunto.
Pero sí puedo hablar de algo que he observado suceder durante los últimos días, y más en este mes de octubre, cuando se han cumplido los cuarenta años de la ejecución de Ernesto Guevara.
De repente, como al acaso, han comenzado a aparecer en algunos medios de comunicación diversos testimonios sobre lo que se ha dado en llamar “el lado oscuro del Che”. Que era mujeriego. Que era implacable con los débiles. Que era intolerante con quienes eventualmente decían mentiras. Que era un asesino. Que mandó gente al paredón. Que él también mató. Buéh… no sé si por ahí salga de repente alguien diciendo que también tenía mal aliento y hongos entre los dedos de los pies.
No voy a poner en tela de duda estas afirmaciones. No cuento con documentación suficiente para rebatirlas y, la verdad, no me interesa. Porque es obvio, demasiado obvio, que el enemigo que ahorita se quiere atacar con toda esta construcción mental mediática no es precisamente el Che Guevara como personaje histórico. Él está muerto y de seguro que, si tenía facturas pendientes con el universo, y si existe algo así como la ley divina, ya las habrá pagado. Ahorita, hoy en día, el pavoroso y grande enemigo es lo que el Che sigue representando a pesar de llevar cuarenta años muerto, y lo que el Che Guevara representa es ni más ni menos que la voluntad de cambio y transformación de millones de personas que se hartaron –nos hartamos– de vivir a la sombra de los intereses de un imperio depredador de nuestros bienes, nuestra gente, nuestra naturaleza y hasta nuestra conciencia.
Qué más da que el Che haya sido mujeriego. ¿Qué héroe de nuestra independencia no lo fue, con lo atractivos que resultan siempre? Qué más da que haya sido implacable e intolerante con ciertos atributos humanos. ¿No es implacable el Papa Ratzinger contra las propuestas de sacerdocio femenino o el matrimonio gay? Que era un asesino porque también mató gente y mandó gente al paredón. Y… ¿acaso Simón Bolívar, Sucre, San Martín, Bernardo O’Higgins no mataron una mosca en todo lo que duraron sus brillantes carreras militares? Todos los héroes de nuestras Guerras de la Independencia lo son gracias a que ganaron estas batallas. ¿Y cómo? ¿Acaso rezando el rosario? No: matando. Eso es lo que se hace en la guerra. Y el Che Guevara, más allá de sus virtudes o defectos humanos, estaba en guerra. En las Guerras de Independencia que seguimos perdiendo durante la mayor parte de nuestra historia y que por fin, ahora, después de tanto tiempo, parece que vamos a comenzar por lo menos a equilibrar la situación.
Mientras tanto, a todos los que contribuyen, y me atrevería a decir que muchos torpemente, a mancillar la imagen de un ser humano porque le tienen pánico a cualquier clase de cambio, sería bueno dejarles de tarea algo que les ocupe mucho el tiempo, y con un nivel de dificultad muchísimo más alto y complicado, como, por ejemplo, buscar el lado claro y las buenas intenciones del Presidente Bush.

lunes, 8 de octubre de 2007

MÍNIMO Y DULCE


la flor era su hermana
y de seguro también la cruel espina
el sol
la luna
el mar
y la montaña
la pobreza
las piedras
el camino y el bosque
el agua
y cada cosa
que se esconde en la hierba y en las nubes

fue guerrero
y amante
fue joven
y fue rico
pero un día abrió los ojos
a las cosas no vistas que anidan en el alma
y se volvió
/como dijo un poeta
que sabía del mundo y sus mentiras/
mínimo y dulce ante el fulgor del dios
que cobija lo santo
y lo pequeño
lo puro de verdad
lo desnudo
y lo claro

la sombra era su hermana
el llanto
las palabras calladas
las horas
el lobo que no quiso hacerse vil y humano
los insectos
la pena
y la muerte también era su hermana
al asomar sin rabia ni premura
cuando tiene que ser

domingo, 7 de octubre de 2007

A TODOS LES ENCANTA EL REGGAETON

A mí no. No coincide con mi concepto de música. Pero puedo comprender que a otras personas sí les guste. E incluso les encante.
Lo que no puedo aceptar es que, a veces, cuando voy tranquilamente por la calle un sábado o domingo, oyendo cosas que coinciden con mi concepto de música, sin previo aviso, el suelo comience a retumbar. Las primeras veces creí que era un temblor. Me asusté. No supe a dónde moverme. Luego, alcancé a divisar, en lontananza, una “estructura” armada con globos de colores en un local comercial que promocionaba sus productos, fueran del tipo que fueran. Dicha promoción consistía en emitir, desde un par de parlantes de mi tamaño, música de reggaeton. Como dije antes, la vibración de la música estremecía el pavimento.
Alguna otra vez, a la urbanización en donde vivo, llegó un nuevo banco de la ciudad para promocionar sus servicios. Era sábado. Temprano en la mañana, desperté con los agradables acordes de las canciones de Rubén Blades. Creí que era mi vecino de enfrente, que lava su auto al compás de la salsa y el merengue más selectos, y pensé que no había problema, el concierto suele durar menos de una hora. Pero cuando miré por la ventana, no era él. Escuchamos a Rubén Blades, a Willie Colón, a Marc Anthony… y la verdad la cosa no iba mal, servía de fondo musical para acompañar los quehaceres sabatinos. Pero poco nos duró el gusto. Como una hora más tarde, en nuestras plácidas vidas de fin de semana, se instaló en su propio trono sonoro el reggaeton. Y ya no hubo quien lo bajara de ahí. Subieron el volumen, además, al punto que ni siquiera podíamos conversar ni dar órdenes a los hijos.
A mí no me molesta que a otras personas les encante una música que a mí no me gusta. Puedo entenderlo y hasta respetarlo. Pero me pregunto: ¿por qué los comerciantes, banqueros y demás gente dedicada a los negocios y su publicidad asume, porque sí, que a todo el mundo le gusta el reggaeton, y nos lo impone inmisericordemente cada vez que se les ocurre crear o promover algún producto nuevo?

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