miércoles, 10 de septiembre de 2008

obsesiones

Los obispos de México han prohibido a las jóvenes de sus diócesis usar minifalda vaquera. Daría risa si no diera rabia. ¿Por qué vaquera? ¿Y una de holán, por ejemplo, o de crochet, con calados reveladores?
Según el diario El País, un grupo de judíos ultra-conservadores de los asentamientos de Cisjordania, imbuidos de la creencia de que tienen derecho a velar por la castidad y la pureza más absolutas, le han quemado con ácido la cara de una niña de catorce años, por el pecado de salir a la calle con pantalones.
¡Y nosotras, que nos quejábamos de que la inefable madre Alexis recogiera la gola marinera de sus alumnas a la salida del colegio para que, si las veían de la mano de algún muchachito, no supieran dónde estudiaban!
Una trágica y mortal… otra ridícula, una más bastante ingenua, las tres anécdotas corresponden a una misma actitud y a un mismo concepto: el cuerpo es malo, las manifestaciones de cualquier cosa que remotamente tenga que ver con la sexualidad no solo se podrían considerar incorrección o pecado, sino un crimen. Y un crimen que exige un castigo terrible, como en el caso de los Guardianes del Recato de Cisjordania.
Me pregunto: ¿tendrán algún castigo estos castísimos Guardianes del Recato por lo que han hecho? ¿Cuál? Y no sé por qué, su nombre me remite al de ‘guardianes de la fe’.
Obviamente, en la historia y en la vida, hay cosas que guardar y cosas que cuidar. Pero prguntémonos, por ejemplo, ¿qué estaba cuidando la madre Alexis cuando recogía las golas marineras de sus estudiantes en la puerta del aula a la hora de salida? El nombre de un colegio, supongo. Un ‘buen’ nombre que en el fondo lo único que anunciaba es que todas quienes estudiaban en él iban irremediablemente para solteronas, en la acepción más puritana y tradicional de la palabra.
¿Y qué cuidan los obispos mexicanos? Bueno, también cabe otra pregunta: ¿alguien les hará caso? Se me podrá decir que cuidan el pudor, la honestidad o la honorabilidad. No sé. Y recuerdo con infinita ternura ese volante de alguna organización Pro-vida que demostraba cómo entre el uso de la minifalda y el aborto provocado lo que existe es una incuestionable línea recta.
¿Qué cuidarán, me pregunto, los Guardianes del Recato de Cisjordania? ¿Qué diferencia hay entre penetrar por la fuerza el cuerpo de una niña de catorce años en pantalones y arrojarle ácido a la cara? ¿No es la misma alma de violador obnubilado por el deseo, reprimido o no, la que transita por esos cuerpos de agresores?
Puesta a pensar, me gustaría sentir y saber que Dios no lo aprueba: ni la ingenua recogida de la gola marinera, ni la ridícula prohibición, ni el horroroso crimen. Dios hizo el cuerpo y puso en él las pulsiones del deseo, el placer y finalmente el amor de la pareja. Dios diseñó las piernas de las muchachas que usan minifalda, las manos que se entrelazan para sentir ese dulcísimo piel contra piel, y los cuerpos de las niñas de catorce años. Y poder estar segura de que no fue ese Dios de amor el que hizo el temor a lo que es bueno, ni la obsesión, ni el odio.

domingo, 24 de agosto de 2008

pero no

a A. P.
ahorita ya no cabe decir nada
yo lo sé
los días parecen una eternidad
sin solución
las cosas se acumulan
el polvo en la mirada y en las manos
y esos por qués
largos y repetidos
yo lo sé
la gente nos mira con extrañeza
y nos sentimos basura
sin saber
que el mismo barro nos compone a todos
puedo entender
que el dolor corte
el hilo que nos une a la existencia
pero no
así no
quién hubiera podido ser abrazo
para tan solo
contenerte
en el minuto de la decisión
fatal
quién
pero no

domingo, 10 de agosto de 2008

rueda

cada día
abro la ventana
y miro el horizonte
me he dormido llorando
pero al despertar
ya puedo sonreír

alguien
/no sé muy bien quién/
ha venido
detrás de la cortina del sueño
a decirme que no
que la vida sigue
y que nada
nunca
es
para
tanto

viernes, 8 de agosto de 2008

en defensa de los simpson


Mucha gente les tiene miedo a Los Simpson. Por cínicos, por irreverentes, por no mostrar la madre abnegada, el padre cargado de autoridad, por mofarse de las instituciones, porque los niños son más sagaces, íntegros y sabios que los adultos. En fin, porque se pasa por el forro todo lo sacrosanto de este mundo.
A mí me encantan. Pero comprendo a quienes les temen. Es el mismo temor de la madrastra de Blancanieves ante el espejo que le cantaba las verdades en su propia cara.
Quisiéramos vivir en un mundo en donde todo fuera perfecto, en donde las fisuras y las debilidades de lo que nos hemos inventado como inamovible para no sucumbir a la incertidumbre no se vieran, no se sintieran, no se supieran. Quisiéramos vivir en un mundo en donde las instituciones nos sostuvieran el miedo y donde los niños se callaran y se equivocaran siempre. Pero, para mí, afortunadamente, no es así.
Una de las más fuertes críticas que se le hacen a este ingenioso (por decir lo menos) programa de televisión, es que 'no enseña valores'. Cabría una pregunta: ¿enseñan valores los noticieros? ¿enseñan valores las series policiales? ¿enseñan valores las telenovelas? Esos barnices de moraleja, esos cursis colofones de las seriales familiares, esas mal pegosteadas reflexiones de las telenovelas... ¿a quién convencen?
Cuando yo miro los Simpson, más allá de la cerveza que Homero le puede ofrecer a Bart, más allá de la humanísima ludopatía de Marge o la conmovedora integridad de Lisa, miro a mi familia, a tu familia, a todas esas personas en constante lucha contra la propia naturaleza, miro a las familias que tratan de reciclar su amor por encima de sus historias personales tortuosas y de las angustiosas debilidades de las que somos conscientes. Miro a la gente de mi barrio, de mi calle, de mi ciudad y de muchas ciudades. Me río a carcajadas, pero debo confesar que a veces también he llegado a conmoverme hasta las lágrimas. Y rescato lo rescatable, que es mucho más de lo que parece a simple vista.
Y si algún organismo del gobierno de Chávez ha prohibido la serial porque Homero le brinda un poco de cerveza a Bart, es porque ellos ven solamente la cerveza, más allá del humor, la sensibilidad y la innegable poesía que se esconde entre las líneas de la serial creada por Matt Groening.

viernes, 1 de agosto de 2008

lluis y laura

I si l’atzar et porta lluny
qu’els deus et guardin el camí,
que t’acompanyin els ocells
que t’acaronin els estels*
Lluis Llach
él
cantautor
gay
contestatario
hermoso
sensible
y dulce

ella
su discreta presencia
su silencio
apenas la guitarra
y su imparable emoción
estorbando las notas
entre aplausos

ambos
una complicidad de años
de andar juntos
sin pedirse
y sin rendirse
ninguna clase de cuentas

y desde acá
mis ganas
mi diminuta envidia
mi esperanza demente
la canción
y esa sombra de llanto compartido
por lo que de repente
sí podría ser

* Y si el azar te lleva lejos/ que los dioses te cuiden el camino/ que te acompañen los pájaros/ que te acaricien las estrellas (Lluis Llach, Laura)


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