lunes, 16 de febrero de 2009

breve canción sin intención de amor

me gustaban tus ojos
ese sereno azul de cada martes tarde
esa atención callada
el hilo tenue que nos sostenía
me gustaban tus ojos

me gustaban tus labios
y la curva de sol de tu sonrisa
y el brillo de tu risa
cascada de cristal de tu alegría
me gustaban tus labios

me asustaba soltar tu corazón
porque dolía tanto el hilo de esa bella cometa
que parecía romperse
y perderse sin vuelta ni retorno

me gustaba tu alma
fabricando miradas y preguntas
o tan solo esperando
sin asomo de asalto ni secreto
me gustaba tu alma

me gustaban tus manos
esa manera de tejer el aire
de atrapar mis palabras
de bordar esperanza en mis angustias
me encantaban tus manos

me asustaba soltar tu corazón
y aunque a veces aún duela el hilo de esa bella cometa
que parece romperse
y sienta que lo pierdo y no hay retorno
ya no temo soltar tu corazón

y volverlo a encontrar

de amores

En estos días, en la ciudad de Los Ángeles, una joven mujer latina acaba de completar, en siete partos, la abrumadora cifra de catorce hijos. Los primeros seis partos fueron de un solo niño, y el último de óctuples. ¿Padres? No se sabe. Andando por el mundo. Ahora esta mujer enfrenta el odio de gran parte de su comunidad porque recibirá ayuda estatal para poder mantener y criar a sus niños. Incluso ha llegado (según las noticias que publica la Internet) a recibir insultos y hasta amenazas de muerte por atreverse a tener tantos hijos sin contar con los recursos necesarios para poder cuidar de ellos.
Resulta irónico que este suceso se reseñe entre las noticias de la red justo en los días en que se festeja, pomposamente, con derroche de corazones que van del rosado al rojo encendido y aglomeraciones en las zonas de diversión de las ciudades, el famoso ‘Día del amor y de la amistad’.
Parecería, por la iconografía y la publicidad al uso, que el único amor es el amor de la pareja. Institución que, por otro lado, ahora atraviesa una de las más profundas crisis en la historia de la humanidad: rupturas, divorcios, no a la unión de por vida, incremento de la soltería… Y sin embargo, las mujeres y los hombres del planeta seguimos soñando en el amor de los cuentos de hadas, creyendo al pie de la letra en todas sus implicaciones e interpretando literalmente la connotación más profunda de sus símbolos.
En nuestro país hay datos que resultan patéticos: las tasas de violencia intrafamiliar, los niveles de abuso sexual a menores, el alto índice de crímenes pasionales y suicidios por causas ídem.
Y sin embargo, obstinados y obstinadas, tercos y tercas, seguimos buscando eso que hemos dado en llamar el ‘alma gemela’. Seguimos hurgando en todas partes pretendiendo encontrar aunque sea el cadáver de la princesa perfecta o del príncipe azul (¿cianótico?). En un mundo sobrepoblado y repleto de gravísimos problemas de todo tipo, continuamos haciéndonos eco de nuestros impulsos reproductivos para tratar de llenar nuestra vida con la presencia de otro o de otra que nos dé a comprender que somos dignos de amor. ¿Qué importa si en ese camino cosechamos decepciones, maltrato, despecho avasallador o catorce hijos que no seremos capaces de mantener?
¿Por qué será? Me digo. ¿Por qué será?
Por el camino los dioses me han regalado el goce infinito y sagrado de la amistad. Pero la amistad no tiene el tinte de exclusividad, de ‘para mí solita’ que parece teñir o impregnar, a veces engañosamente, la relación de pareja. Y sin embargo, hace más de dos mil años ya dictaminaron las palabras de Jesús: “No hay mayor amor que el del que da la vida por sus amigos”.
¿Dar la vida? ¿Entregar la vida? ¿Compartir la vida? Cuando nos enjugamos las lágrimas del desengaño, podemos encontrar amor por todas partes, aunque no sea el clisé de la pareja. Quizás el secreto consista más bien en solo extender la mano para que en ella se pose la mariposa verde del amor, y no pretender cerrar el puño para detenerla, al tiempo que la destruimos en ese vano intento de atraparla para siempre. Quién sabe.

domingo, 18 de enero de 2009

¿olvido?

para el david
y a quien le llegue
o le salpique
el muchacho que nunca lo supo
el artista bohemio
el joven estudiante para cura
el marido que ya no quiso seguir
algún alumno
por ahí
el hombre más hermoso del mundo
en más de un sentido
pero no para mí

todos
tomaron su camino
y otros
que ya no me acuerdo
también

a veces
en la noche
miro la oscuridad
siento el gato
Manuel Jodorowsky
que ronronea encima de mis pies
ese trocito de compañía dorada
/otro regalo de la vida/
y pienso en ellos

fueron
estuvieron
están
y es para siempre
aunque no lo parezca
alguno regresa con un cariño de hermano
esa cosa sagrada y cristalina
/la amistad/
que jamás creí merecer
otros vendrán
si así tiene que ser

vivo el dolor
ahora
mañana tal vez vuelva a sonreír
y descubra
cómo florece
aunque sea tardío
el amor que entregué
y me ayudó a estar viva
y a dar vida también

nada se pierde
nada
finalmente
algún día
verás la luz
que encenderá de paz y de ternura
la maravilla
de tu corazón

domingo, 11 de enero de 2009

gaza


no quiero saber

de la ironía

de cohetes como fuegos artificiales

asolando poblados

no

quiero saber

de más cuerpos tendidos

envueltos en sábanas

y todo ese llanto

no

quiero mirar

otra vez

llorando

el último beso del padre

que no puede llorar más

en la frente del niño

que ya no crecerá

viernes, 2 de enero de 2009

los discípulos de hitler


Cuánto lloramos en el pasado con libros como el estremecedor Diario de Anne Frank, cuánto nos conmovieron series de televisión como Holocausto y QV7, cuánto nos sacudieron y nos hicieron sentir avergonzados de ser humanos y al mismo tiempo felices de serlo películas como La lista de Schindler o La Decisión de Sofía. Cuánta rabia, cuánta indignación, cuántas lágrimas y cuánto rechazo hacia la crueldad humana nacieron de esas experiencias, así como de indignarnos de las historias que en ellas se contaban y que sabíamos verídicas y ciertas.

Nunca despreciaremos a las víctimas semitas de la Segunda Guerra Mundial, de la voracidad imperial de la reina Isabel la Católica o de la mal llamada 'Santa' Inquisición.

Pero por ese mismo sentimiento de solidaridad humana que nos lleva al dolor y la indignación ante la maldad y la ambición, ante la discriminación y las guerras desiguales y sangrientas en las que mueren cientos de personas que poco o nada tienen que ver con aquello por lo que se pelea, no podemos dejar de sentirnos también indignados, también estremecidos por la sorpresa y el rechazo ante lo que en este momento ocurre en la franja de Gaza.

Más allá de las razones que los gobiernos y los ejércitos esgrimen para justificar sus atrocidades, lo que vemos en la prensa son cadáveres de simples seres humanos que terminaron sus días en medio del horror de una masacre sin sentido: mujeres, niños y niñas, ancianos, jóvenes. Casas de habitación destruidas. Sangre inocente, solamente eso. Como la sangre de los seis millones de judíos exterminados en la Segunda Guerra Mundial. Ni más ni menos.

Quién iba a decir alguna vez que los descendientes y compatriotas de las víctimas de Hitler serían los mejores y más aprovechados alumnos del ansia de matar con que este oscuro personaje asoló al mundo entero en su momento.

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