viernes, 3 de junio de 2011

verano a medias


la mamá se fue
el hijo de alguna manera dejó de estar
una vez más
la soledad tejió de nuevo sus espirales en la almohada
y otro año pasó
hecho de momentos
de retazos de rabia
y de pedacitos de ilusiones
que se cumplieron o no
llovió mucho
alguna ciudad amada en la imaginación se hizo presente
siempre la música
y las palabras
rodearon la existencia
y le pusieron su nota de hermosura
latí
lloré
reí
pretendí amordazar mi corazón y no me resultó
el sol
tal vez tiene miedo y no quiere salir aún
pero ahí está
como la maravilla resplandeciendo en la sonrisa de anita
el pastelito infaltable en los días de cumpleaños
junto a la misma velita y las servilletas de colección
como las charlas en un hotel a media noche
como la sombra del obelisco
amparando las cortazarianas aventuras de viaje
y la pequeña estatua de mafalda
que me hizo emocionar al abrazarla
ahí está la ternura que no se dice
y la amistad que no traicionará
hasta donde sabemos
la paciencia puesta a prueba
y el hilo del cariño
sosteniendo por siempre
la cometa de la vida

jueves, 7 de abril de 2011

los gestos de mi madre

El último mes de vida de mi madre pudimos tener una relación muy especial, todo gracias a algo que podría ser considerado desafortunado: mi mamá tuvo una infección muy grave en un ojo, y a mí me tocó llevarla al oftalmólogo durante los viernes de tres semanas consecutivas. Hacía unos cuantos años que la Marthita Rodríguez, mi madre, venía sufriendo de un Alzheimer severo e incapacitante. En este último mes la infección de su ojo izquierdo fue el preámbulo del fin, aunque en aquel momento aún no lo sabíamos. Sin embargo, su deterioro era cada vez más evidente, incluso en cuestiones tan simples como subir al auto o cruzar la calle hasta el edificio del consultorio.
El último día que fuimos, después de recibir con egañoso alivio el alta del médico y antes de salir, le dije a mi mamá que agradeciera al doctor. Y no deja de enternecerme el gesto de niña con el que siguió mi 'orden':
-Gracias, doctor.
Después le dije "despídase", y ella se despidió:
-Chao, doctor.
Sentí una mezcla de gracia y ternura ante su obediencia. Quince días después, una descompensación metabólica severa terminó con la poca lucidez que le quedaba, y habría terminado con su vida de no ser porque mi hermano y mi padre llamaron la ambulancia que la llevaría al hospital donde una semana después falleció.
Siempre he pensado que la muerte de los padres es algo que hay que tomar con entereza y dignidad. Después, de todo, ¿cuál es la alternativa? Al revés sería peor, sobre todo para ellos. Sin embargo, no deja de ser un desgarramiento profundo, un dolor que mientras no se vive no se comprende en su intensidad ni en su totalidad. Con frecuencia pienso en mi madre, en esos "Gracias doctor" y "Chao doctor" que le hice decir al despedirnos del oftalmólogo. Me hacen falta sus abrazos ya sinceros y desprovistos de miedos y prejuicios de los últimos meses, de los últimos años, sus palabras cariñosas, su sabiduría de oráculo ante mis preguntas muchas veces angustiadas y angustiosas ante los avatares de mi vida.
En las últimas semanas me ha hecho una falta sin nombre. Me resulta muy triste pensar que no la volveré a abrazar. Y a eso se han unido todos los restos de crisis personales que andan por ahí, tal vez tras la misma detonación de la orfandad.
Pero poco a poco hay cosas que suceden, de la nada, y que aparentemente no tienen relación, pero donde mi corazón lacerado por la ausencia descubre matices de esa ternura que los desencuentros del orgullo y de las formas no nos dejaron ver a lo largo de la mayor parte de la vida: ese plumón que brotó de mi ropa al final de un día de trabajo especialmente duro; o el que apareció, como si nada, junto a su fotografía en mi altar de meditación después de una noche particularmente difícil.
Y el arcoiris: hace unos días, mientras iba por la carretera a algún compromiso, sintiéndome triste y desamparada por algo que se podría llamar Todorreunido sin temor a equivocarnos, de repente aparecieron primero dos pequeños arcoiris por encima de las nubes, en medio del aguacero, y unos pocos kilómetros más allá, el más soberbio y espectacular arcoiris que he visto en mi vida: una media circunferencia completa cruzando el cielo de horizonte a horizonte. Hermoso. Sentía que si extendía la mano lo podría tocar sin ningún problema. Entonces recordé las palabras de mi madre, ya perdida en el mar de su inconsciencia, en un día muy difícil para mí: "Eres una mujer preciosa, y tienes un hermoso corazón". No sé si será así. A veces soy insegura de mis cualidades. Pero por otro lado, me lo dijo mi madre desde la sabiduría sin trabas de su amor más allá de la cordura. Así que tal vez las plumas y el arcoiris, y sus palabras regresando a través del tiempo sigan siendo el regalo de su ternura que tanta falta me ha hecho en este tiempo. Los gestos de mi madre, más allá de la muerte.

jueves, 20 de enero de 2011

cosas que a una se le ocurren oyendo música



(si das clic en el enlace puedes escuchar la música) 
Wo soll ich fliehen hin (Sol menor) - BWV 694

diosdiosdiosdiosdiosdios
color de música
informe
notas cayendo en catarata
sobre el corazón lastimado
bálsamo azul
orgasmo de lágrimas no lloradas
quién hizo la maravilla
que llega sin pedirla
gratuita como la mano que vino en una hora de angustia y soledad
qué más puedo hacer yo si estos ojos se han fijado en usted
diosdiosdiosdiosdiosdios
hablando sin palabras
por lo menos existen
por lo menos alguien lo hizo
para mí
sin saber
más allá de la soledad
y del desprecio
y el pisoteo de los sentimientos que nadie pidió
tan solo esto
cayendo como lluvia bendita sobre mí
tal vez curando
o tal vez abriendo más la herida
para que la sangre salga en catarata
y la muerte sea buena
perfecta
preciosa
como tendría que ser
diosdiosdiosdiosdiosdios
Dios debe ser esto
si es que algo es
esta bendita cascada de sonidos engarzados
este baño de belleza no pedida
esta sombra en el alma transformándose en luz
esto
para qué más 

miércoles, 12 de enero de 2011

mew


como el maullido de un gato
de esos que a veces pueblan tus canciones
el corazón emite las iniciales de tu nombre
gemido
más allá de cualquier orden de la vida
qué felices nos hiciste
con la historia de manuelita la tortuga
los cuentopos de gulubú
la canción de la vacuna
o al ver volar al angelito mexicano
como ahora tu alma
hacia el abrazo gigante con ese julio cortázar
que se ríe contigo en una foto
o hacia el encuentro envidiable
con el señor juan sebastián
cuya música ahorita mismo me estremece los huesos
vuela
solo eso te puedo decir
vuela
alma de maria elena walsh
a la felicidad que el universo
seguro te devuelve desde su centro de oro
que recoge tu corazón con ganas
país del sí me acuerdo
qué dulce modo tenés de no estar
ya lo dijiste tú misma
qué dulce modo de permanecer
más allá de la sombra y el adiós

viernes, 19 de noviembre de 2010

a alejandra


ríe en el pañuelo llora a carcajadas
pero cierra las puertas de tu rostro
para que no digan luego
que aquella mujer enamorada fuiste tú
Alejandra Pizarnik

mientras bach se desgrana/desangra en esta máquina
leo tus versos
y me desgarro sola
porque alguien como tú
pudo decir alguna vez
lo que siento en este minuto desolado

alejandra
nombre de niña genio
solitaria como la yo chiquitita
que se contaba cuentos para dormir
nombre de conquistador que perdió el tino
y ni siquiera pudo conquistarse a sí misma
sé de lo que hablas
conozco esas heridas que nada cierra
nunca

los libros de autoayuda dirán
que solamente es cuestión de cambiar el enfoque
y que es un secreto a voces
que una no obtiene más que lo que desea
que se autoboicotea
y por eso las cosas salen mal

pero tú sabes
que a veces la felicidad
tan solo anida en el fondo de un tubo de pastillas
porque después ya nada dolerá

yo no me puedo ir
como tú
me tengo que quedar
y mirar cómo atardece sobre las ruinas de mi esperanza
y cómo se ha ido marchitando poco a poco
la cucarda amarilla de mi jardín

yo no me puedo ir
porque otros amores me atan a la vida
y siento mil latidos pendiendo de los míos

y sin embargo
como diría alguien
te acompaño en el sentimiento
te sobrevivo
porque sé de lo que hablas
y siento cómo pudo latir tu corazón
entre los velos de esa terrible condena
que es la soledad sin alas

tan niña
como todas las que optaron por seguir el camino de la sombra
tan desamparada
como todas las que se abrieron las venas
mucho antes de seguir el llamado de la muerte
tan desgarradoramente valiente
como para sacarle la lengua al sufrimiento
tan vieja
como quien ha arrastrado durante siglos
el alma rota
por senderos de espinas y desiertos

somos iguales
no cabe duda

río en el pañuelo
lloro a carcajadas
y siempre cierro las puertas de mi rostro
para que nadie diga
que sigo siendo por los siglos de los siglos
esta mujer
inútilmente enamorada

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