jueves, 30 de julio de 2009

regreso


el hijo vuelve a casa
y encuentra que las cosas se han vuelto más pequeñas
pero ya no le duele
simplemente sonríe
con el gruñido del perro
que de primera no lo reconoce
y después salta alborozado para alcanzar su mano
se deja acariciar
por el ronroneo del gato
y se des/reconoce en los espejos
y en los ojos de los seres amados

el hijo camina cauteloso
recogiendo los pasos
y mira en las paredes las cicatrices
que el viaje por el infierno nos dejó
pero ya puede sonreír de otra manera
y su sonrisa enciende los cristales

el hijo rasca suavemente
la oreja de su hermana
porque ha redescubierto la ternura
y el color paradisíaco de cada abrazo
aunque a ratos parezca
que tal vez no

el hijo
quizá trae agua en las manos
para calmar la sed de la nostalgia
mientras se enternece
y camina despacio
sin ganas de regresar al terror del pasado

el hijo nada a través del tiempo
y del viento
la lluvia ha hecho brotar
hojitas verdes de todas sus ramas
y puede repetir los “te quiero” a cada paso
ya sin sentir vergüenza ni miedo

el hijo vuelve a casa
no va a quedarse hoy
solamente revisa
en las estanterías de su pecho
lo que quedó de todo
lo que guarda u olvida
solamente camina doce pasos
despacito
tal vez así
otro día por fin pueda llegar

domingo, 19 de julio de 2009

tu sonrisa

para Xavi
podría decir que se parece al sol
en el amanecer
y sería un lugar común
podría decir
que se parece al agua
cuando hay sed
y no estaría mal
podría decir que la esperé
en el quicio de la puerta
en las noches de la desolación
que la vi desvanecerse
y que añoré su luz y su color
podría contar
cuánto lloré al creer
que jamás volvería
y cuánto miedo tuve
de verla por el fango o bajo tierra
podría decir
que alguna vez creí morir con ella
pero quizá
mejor
no
quizá tan solo digo
como en una oración
que la he recuperado
que la veo
y no creo
que haya vuelto a mis ojos y a mis manos
que renazco con ella cada vez que la miro
que da vida
y calor
y esperanza
que refresca los huesos
y consuela
los latidos oscuros de otro tiempo
que estoy
que estamos todos
cobijados y mudos
despiertos y asombrados
por la resurrección
de tu sonrisa

miércoles, 24 de junio de 2009

...

de vez en cuando
así como la sombra de una sombra
apenas
el ala de un insecto para nada despreciable
mariposa
libélula
caballito del diablo que no le apuesta al mal
se deja ver
entre todas las cosas de la vida
tu corazón de niño
que lo mismo
puede llorar de emoción
ante la imagen de un perrito querido
como palmotear de felicidad
sin más motivo
que un poco de oraciones gramaticales
engarzadas en una buena noticia
asustarse
temblar
reír
y sobre todo
dejarse amar
un poco
sin defenderse
mucho

martes, 23 de junio de 2009

carta a pedro aznar, mientras canta "milagro de los peces"

Soy feliz.
¿Por qué se lo digo?
Porque ahorita mismo es usted quien me hace feliz.
De repente me hace olvidar o dimensionar de otra manera todas las cosas que pasan por mi vida y por mi país y por todas partes.
El dolor de rodilla que me ha atenazado durante estas últimas semanas.
Mis crisis familiares.
Mis penurias económicas.
Las broncas al uso de la política y los medios en las que la mezquina historia cotidiana se desenvuelve.
Lo oigo cantar y soy feliz.
Así, sencillo.
No sé si usted vaya a leer esta carta.
No sé si le importe que se la escriba.
Y la verdad, creo que a mí tampoco me importa.
O sea, ya no me importa el autógrafo, la respuesta a la carta que se puede mandar como una fan más de un artista admirado y querido, la mirada desde el escenario que siempre podemos creer dirigida a nosotras cuando en realidad quizá solamente estaba esquivando una luz demasiado fuerte.
No.
Tampoco me importa que en los medios al uso de nuestro país haya un poco de gente que se cree la mamá de Tarzán y de seguro ni siquiera sabe que usted existe.
No.
Es sencillamente el gusto de escuchar una canción en la soledad de mi aula mientras intento planificar unidades y lecciones para el año que viene. Es el gusto de sentir que la música de repente entra en la sangre y se mueve, y alimenta la piel y el corazón desde adentro y también desde afuera. “Milagro de los peces”, se llama la canción. Y eso es: como el milagro de los peces que hizo Jesús al generar solidaridad en unas pobres gentes polvorientas e ignorantes para llevarlas a compartir de una su hambre y su pan. Así también la música se vuelve a la vez hambre y alimento y galope por la sangre y atisbos de ternura y deseos de más aún, más.
Quizás alguien –muchos– piensen que estoy loca por escribir esto en medio de las crisis de varias formas y grises que pueblan el planeta, el continente, el país y la vida. Y lo más probable es que lo esté. Pero qué linda locura esta de poder en algún momento abandonarse y ser una con los sonidos que inundan el ambiente. Y acercarse así a algo que se parece bastante a la totalidad buscada en una gran parte del camino y encontrada solo a trechos en medio de pilas y rumas de obligaciones, desaciertos, trabajos pendientes y también la cuota de desconsuelos.
Querido Pedro Aznar que tal vez nunca lea estas letras y quién sabe si en el fondo le interese: esta carta, artículo, papel virtual o lo que sea es solo para decir gracias. A usted, y a todos los que se visten de música por motivos personales, claro está, pero que con esa música pueblan los vericuetos de las vidas cotidianas de las personas que, como yo y como tantas y tantos, andan por ahí a veces bien, a veces mal, a veces contentos, a veces en el agobio de la supervivencia cotidiana. A veces entre sonrisas y otras tragando lágrimas.
Querido Pedro Aznar: hace más de dos mil años alguien hizo el milagro de los peces. Al menos, eso dicen. Y ahorita, aquí, en una sencilla aula de un anónimo colegio sin estudiantes ya, comenzando un verano que se presenta incierto, también usted hace el milagro de encender el día con la belleza que no puede tener precio ni nombre.

viernes, 5 de junio de 2009

pequeño saltamontes

no va por ti
sino por todo
el que aparentemente
ya no quiere seguir

¿qué conduce
la mano a la soga
la soga al cuello
y el cuello al final del camino?

te recuerdo
con tu vieja mochila polvorienta
kwait chang caine
recorriendo el sendero en blanco y negro
de la vieja tv del cuarto de mi madre

te veo cantar
sobre un vagón de tren
woody guthrie de celuloide
y correr para huir
de lo que incuba el huevo de la serpiente

siempre admiré
tus movimientos gráciles
tu cuerpo de gacela
tu mirada tranquila
y esa serenidad desmedida en tu voz

tal vez
con esa misma calma
entreviste
que ya no había para qué quedarse

rara cosa la muerte
que no arranca ese asombro desolado
sino solo silencio
y respeto
a la decisión única
de quien
se acerca al fin
entre la dignidad y el desconsuelo

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

compartir