martes, 20 de septiembre de 2016

que no


digo que no
para que ya no duela
pero cómo te amo
en el silencio de esta habitación
en el recuerdo de los desencuentros
en el no puede ser gritado a solas

digo que no
para que ya no enoje
pero cómo te amo
en el ich ruf zu dir herr jesu christ
de mi maestro bach
que acompaña el dolor más que ninguno

digo que no
para seguir viviendo
y vivo así
ya casi sin preguntas
comprendiendo que todo es como es
agradeciendo en el secreto tiempo
las huellas de tu paso por mi vida

digo que no
pero digo que sí
a lo que es
como a lo que no es
no fue este encuentro cosa nuestra nunca
alguien lo quiso así
y así está bien

domingo, 18 de septiembre de 2016

otra carta a pedro




Pedro querido, te quiero contar que el día de ayer no empezó bien para mí. Los problemas familiares estallaron unos días antes en una reacción en cadena que me llegó a paralizar y deprimir durante mucho rato. Sé, como la mujer madura que soy, que estas cosas también forman parte de la vida; pero el dolor está ahí, y duele. Duele mucho. Pero debo decirte también que una de las cosas que me sostenían y que llegaron a impedir que me ovillara en mi cama a saborear mis angustias fue la certeza de que a la noche iría por primera vez a un concierto tuyo.

¿Y sabes qué? Tu concierto me devolvió la felicidad. No la alegría, no la tranquilidad, no el entusiasmo. La felicidad. La plenitud. La paz. Me acompañó mi hija y, un poquito atrevidas y maleducadas, avanzamos prácticamente hasta el pie del escenario. No voy a entrar en detalles técnicos o descriptivos. No soy una cronista de espectáculos. Soy una ‘fan’ en el sentido menos intelectual de la palabra. Y me gusta escribir. Por eso solo diré que te vi. Te oí. Leí tus entrelíneas, como siempre me gusta hacer con las letras y las músicas de mis artistas preferidos. Lo que más me entusiasmó fue tu sonrisa de gato feliz cuando te engolosinas en las notas del bajo o la guitarra. Lo que más me llenó fue tu sencillez y el cariño que permea tus explicaciones y comentarios. Lo que me admiró y extasió, tu profesionalismo, tu virtuosismo, tu talento más allá de toda expectativa, tu arte, en fin.

Y más allá de eso, admirado y querido Pedro, en ese momento en que había decidido ir a pesar de todo a recoger la maravilla de tu arte, esa maravilla me comenzó a inundar. Comprendí que un día me voy a morir, y que el mundo tal vez también desaparezca comido por el tiempo quién sabe después de cuantas eras. Pero que esos instantes eran eternos. Tuve las epifanías de quien alcanza, de alguna manera, a captar que la vida sigue y que las cosas se desordenan únicamente para ordenarse de otro modo. Que hay que dejarse llevar por las aguas mansas y también por las turbulentas sin oponer casi ninguna resistencia, aunque el corazón no tenga dueño y los ojos tan solo miren sueños. El fluir de la existencia me había llevado hasta ahí, al pie del escenario en donde recibía un premio de la vida, y lo agradecía sin mayor trámite, aunque tu maravillosa canción “Quebrado” me haya hecho regresar entre lágrimas al motivo de mi pena. No importa. También es parte de. Como todo. Como la noche en que llegué hasta mi casa junto con dos jóvenes músicos argentinos que te fueron a ver y nos acompañaron a buscar el auto en medio de la oscuridad, después del concierto. Como el encuentro con los amigos tan solo para decir lo admirable que eres y cuán extasiados salíamos de aquel momento mágico. Como la vida que no para y nos ilumina la noche oscura del alma con tu música, tus palabras, tus canciones y tu contagiosa felicidad de ser lo que eres y hacer lo que haces.

Gracias Pedro. Por ser, por estar. Por haber venido. Y por, sin saberlo, haber hecho de un día que comenzó entre oscuridad y llanto, uno de los más luminosos e inolvidables de toda mi vida.
Lucre

Quito, 1 de agosto de 2016 

los gestos de tu cariño


son pinceladas
miradas sin apenas emoción
algo de música
un juguete sencillo para mi hija ya adulta
los regalos después de cada viaje 
alguna pregunta simple que recompone el día
no más palabras
ni gestos que sobrepasen el abrazo cotidiano
ni el beso de saludo
el olvido más allá de los agravios
y la confianza
la amistad por encima de cualquier otra cosa
lo que no se dice
lo que tan solo se hace
presencias y silencios
tan solo huellas en la nieve
que el viento deshará muy suavemente
para hacer sitio a otras


lunes, 22 de agosto de 2016

olor de santidad


frondoso
el palo santo de las islas encantadas
se levanta
cuando todavía es joven
y nadie lo reconoce

los días pasan sobre su corteza
y poco a poco
una a una
las hojas van cayendo

no dice nada de dolor
ni de soledad
tan solo se desprende de todo lo que tuvo
para poder vivir
un año más

dejar ir
sin llorar
o sin jamás mostrar que se ha llorado
dejar pasar
y tan solo confiar
saber que no se aroma
sin dolor
y tan solo seguir
sin desmayar 

jueves, 30 de junio de 2016

los poetas sufrimos demasiado

lloramos con películas
que no le hacen llorar a nadie más
y como padecemos de egocentrismo agudo
e hipersensibilidad crónica
nos tomamos a lo personal todos los males de la tierra

a saber
los niños de la calle
y las calles sin niños
la destrucción del aire
la soledad ajena
para no decir nada de la propia
la bomba de hiroshima tanto tiempo después
y el espíritu asesino que pervive detrás aún ahora
los excluidos y los condenados
los tristes
los enfermos
los presos
los hambrientos

no es fácil vivir así
el aire nos da siempre de costado
y enfermamos de típicas dolencias
tuberculosis
sida
esquizofrenia
heridas en los huesos
males del corazón
adicciones extrañas
y tendencias suicidas
/al menos
eso dicen/

si hemos sido mujeres
el desamor nos envolvió de cuerpo entero
por lo menos una vez en la vida
y si hemos sido hombres
también
supongo
de todas formas
bastantes
cuando aún era pecado
amaron gente de su mismo sexo
más allá del escarnio y la vergüenza
porque de amar se trata
solo eso

está la que se sintió morir en la epidemia
para ser arrojada en la fosa común
y el que bebió sus lágrimas para calmar la sed
el que se colgó de un farol de la calle en parís
está el que pudo escribir los versos más tristes una noche
/qué importa que después
haya sido feliz/
y la que pedía que su soledad tuviera alas
está el que no pudo hacer nada para calmar el hambre de su hijo
y la que se quejó
y amarle pude

hay otros
y no sufren demasiado
pasean su voz engolada en los salones de las academias
hacen rimas perfectas
no escriben palabrotas
y son felicitados cada vez que aparecen en la prensa
pero esos
¿son poetas?
¿no será necesario
ensuciarse un poquito los zapatos
tener deudas
muchas deudas 
llorar alguna noche hasta que sea de día
preguntarse por qué en todos los tonos
creer en otros mundos
posibles o imposibles
desgarrarse la piel con sarcasmos ajenos
y propios
sentir esa impotencia indescriptible
de no poder poner freno al dolor de los que amamos?
¿no será necesario
/digo
tan solo por decir/
encontrarse en el mundo como parias
reconocernos la mirada enferma
saber que no encajamos
y que si alguna vez llegamos a encajar
es porque alguna cosa salió mal?

sufrimos demasiado
los poetas

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