extraño a la que yo era
llena de palabras elogiosas
de ternura en la voz y en los gestos
extraño a la que no temió al ridículo
y por eso se dejó morder hasta las entrañas
a la que siempre tendía la mano porque el amor
/incluso unilateral/
valía la pena hacerlo
a la que proclamaba cariño a los cuatro vientos
extraño a la que regalaba cositas porque sí
y ponía dedicatorias cursis en las primeras páginas de los libros
a la que sonreía al mirar sonreír
y sentía que con eso era suficiente
extraño a la que sabía todas las fechas de cumpleaños
a la que recordaba los aniversarios de la orfandad
y abrazaba
sí
abrazaba porque la fecha lo justificaba
extraño a la que se habría dejado matar
por defender un gesto
una palabra
a la que caminaba el kilómetro extra
y más
solo para llegar a otro corazón
que casi siempre ya había cerrado su puerta con candado
hoy
tan solo sonrío
ya no hablo
camino mi kilómetro y ni un poquito más
no proclamo ternuras si presiento que caerán en saco roto
y le he tomado pánico al ridículo
de vagar por el mundo
con el corazón en la mano
o viceversa
no tengo ya el refugio de pensar
que cualquier cosa mereció la pena
la osteocondritis me quiebra el esternón cuando amenaza lluvia
pero soy yo
conmigo
me abrazo fuerte en las noches de insomnio
y me digo que no fue necesario
no me arrepiento de todo lo que di
sinceramente enamorada del amor
solo que tal vez hoy
la soledad sonríe junto a mi almohada
con el rostro de esa mejor amiga que no tengo
y por fin entiendo que si algo nunca se debe pedir
es el amor
así como no se pide lluvia
ni sonrisas ajenas
ni miradas que escapan a otro lado
tan solo el corazón aprisionado
el precio caro de la libertad
y la certeza de vivir entera
más allá de la sombra y el dolor
de lo que simplemente
no fue
ni nunca pudo ser
