Mostrando entradas con la etiqueta cuerpo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cuerpo. Mostrar todas las entradas

viernes, 3 de agosto de 2007

MI CUERPO

mi cuerpo nació muy pequeñito
como todos los cuerpos
engordó
creció
enfermó y sanó
enviudó de sí mismo varias veces
otros
no lo quisieron
muchos lo contrapusieron a mi inteligencia
que igual les asustaba
o a mis accesos de bondad patológica
que siempre han dado risa /incluso a mí/
y por eso se fueron
pero aquí está
conmigo
acompañándome por el camino absurdo
de mi edad madura
caminando
con dolor de rodillas
y dándome algún susto de vez en cuando
como le corresponde al cuerpo de alguien
que vive de la invención
y los juegos de palabras
tuve que amarlo al fin
pues fue el único que accedió a crear su placer
más allá de mis propias carencias
y conflictos
más allá de los otros
y de mí misma
tuve que recorrerlo en soledad
y cobijarnos juntos
en las noches después del abandono
no se ven
como en el alma
las cicatrices oscuras del desprecio
o las huellas heladas del dolor que no se cuenta a nadie
apenas la salida de los hijos
uno que otro lunar
pocas arrugas
y quizá algunas pecas
pero es mío
está aquí
funciona y no se enferma con frecuencia
por eso
finalmente
nos pedimos perdón
y nos queremos bien
y aunque a veces me venzan la gula o la desidia
/no crean/
hacemos buen equipo para todo

domingo, 22 de julio de 2007

GORDITAS HORROROSAS

Como a la gente le gusta hablar de lo mismo durante décadas y siglos, voy a volver sobre el tema de las gorditas horrorosas, pero no para referirme a los desatinados calificativos del presidente Correa, sino para hablar desde mi experiencia de gordita, horrorosa o no, en este mundo flaco y anoréxico.
Antes que nada, quisiera aclarar que estoy consciente de que hay que cuidar la salud: hacer ejercicio, comer saludablemente, no excederse. Y estoy consciente de haberme descuidado en varias etapas de mi vida.
Sin embargo, ahora suele sucederme, por ejemplo, que regresa a mi vida alguna ex vecina del barrio cuyo nombre ni siquiera conocía, y que aparte del saludo jamás cruzó media palabra conmigo, pero ahora viene a verme porque, como amiga mía que es (?) está "interesada por ayudarme". Así dice. Entonces llega con un maletín y se instala en mi sala y comienza primero que nada a predicar la religión de la cintura de sesenta centímetros, a hablarme del infarto, la diabetes, los accidentes cerebro vasculares, la orfandad de mis hijos, y cuando estoy a punto de tener todo eso solo por el terror, entonces saca la panacea. ¿Adivinaron? ¡Los productos para adelgazar! Un jugo de no sé qué. Un batido de por más acá. Unas pastillitas que tienen "solo un poquito" de picolinato de cromo. Facilito, según ella... pero, por si acaso, no me servirá de nada si no hago dieta y ejercicio. ¿Y entonces, dónde está el chiste? me pregunto.
O me sucede que estoy en la farmacia comprando cotonetes, y de la nada sale un señor educadísimo que no quiere ser grosero conmigo ni inmiscuirse en mi vida pero teme por mi salud, pues a simple vista puede observar que me acerco peligrosamente a los límites (nadie sabe si superiores o inferiores) de la obesidad mórbida. Entonces él, con todo respeto, me quiere recomendar un producto, unas capsulitas que esto y lo otro y que solamente tienen un inconveniente, al principio, y es que puede haber "fugas". ¿Fugas de qué? Bueno, ciertas "fugas intestinales". ¿? Pero eso solamente hasta acostumbrarse. Entonces salgo corriendo, mejor, antes de enterarme del resto.
Camino media hora diaria por lo menos cinco días a la semana. Los martes y jueves como exclusivamente frutas y líquidos. No soy flaca (probablemente nunca vuelva a serlo). Pero me siento bien. Obviamente, la edad pasa facturas, pero son facturas justas, que vienen de las batallas personales y no del señor que te vende un adelgazante diarréico o de una señora que se hace amiga tuya solo para venderte productos que en el fondo no sirven para nada si no haces dieta y ejercicios.
Comprendo que la gente tiene que vivir de algo. Comprendo también que la gente tiene que ser emprendedora y buscarse la vida en estas épocas de crisis. Pero cada vez que alguien, con la mejor intención del mundo, se me acerca y alude -con todo respeto, cortesía y sana preocupación - a mi peso, me siento mucho peor de lo que pudo haberse sentido Sandra Ochoa ante el infortunado desliz de Rafael Correa.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

compartir