
viernes, 25 de mayo de 2007
BREVE EXPLICACIÓN

PURÉ DE MASCOTA EN LA CARRETERA
[de Ganas de hablar]
EL INFIERNO
lunes, 21 de mayo de 2007
ANTISALMO SIN NÚMERO
temo
el eco recurrente de mis propios balidos
cae como una lluvia de fango
sobre el blanco silencio
si el Señor fue mi pastor alguna vez
quizá ya no nos gustó a ninguno de los dos
y aunque /para variar/
nada me falta
todo
también me falta
todo
[De Salvo el Calvario]
LOS SANTOS INOCENTES
El desencuentro entre el presidente Rafael Correa y los medios de comunicación ha puesto en escena conceptos como libertad de expresión, derecho a la información, censura, y otros similares.
No soy experta en el tema; pero como alguien que vive y sufre las múltiples falencias de los medios de comunicación ecuatorianos, salvo honrosas excepciones, puedo opinar, aclarando siempre que mis opiniones son más bien interrogantes a partir de lo que veo y siento, y de ninguna manera hechos consumados.
El primer concepto implicado es el de libertad de expresión. ¿Qué quiere decir? ¿Cómo se debe entender? Creo que muy poca gente común lo comprende. ¿Significa libertad de expresión poder decir en todo momento, en cualquier lugar y de la manera que a uno se le ocurre lo que se piensa y se siente? Esto, si nos ponemos a ver, no está ciento por ciento permitido ni siquiera en los ámbitos más íntimos de la vida, como la pareja o la familia, pues decir indiscriminadamente lo que se piensa o siente en determinados contextos puede conducir a conflictos de intensidad variable y dudosa resolución.
Además, quienes trabajamos con la palabra sabemos bien que ningún discurso es inocente en el sentido de que no puede considerarse ciento por ciento objetivo, ciento por ciento aséptico. Cada palabra, cada expresión empleada, tiene una determinada intención. Por eso, que un periódico diga que el presidente asaltó determinado organismo, o que hable de matonismo, palos y piedras sin poder demostrar sus afirmaciones no es casual; peor aún, no se puede justificar que tales expresiones sean “figuras literarias” con una unilateral intención retórica, pues hacerlo sonaría por lo menos a cinismo.
Sin embargo, tampoco es inocente el discurso agresivo, descontrolado e incluso violento del presidente Rafael Correa en su programa de radio del día 19 de mayo, donde usó ejemplos demasiado gráficos para demostrar sus opiniones y sentimientos, y cedió al impulso de la agresividad, dando así demasiados pretextos para que los medios, ofendidos, se centren en sus pocos errores antes que en sus muchos aciertos.
El segundo concepto es derecho a la información. ¿Alguien sabe a qué se refieren estos términos? ¿Es respetado nuestro derecho a la información cuando se nos abre el cajón de un frigorífico de la morgue y se nos muestra un cuerpo vejado de una u otra forma, ofendiendo nuestra sensibilidad y la dignidad de los implicados? ¿Se nos dice realmente todo aquello que precisamos saber para manejarnos en la vida diaria, en nuestra lidia cotidiana con las burocracias de diverso signo que enfrentamos en el país, lo indispensable para comprender cómo funciona la maquinaria social y política en la que nos encontramos insertos? ¿Es respetado nuestro derecho a la información cuando un talk show cualquiera nos escupe a la cara intimidades de las que prescindimos bastante bien durante la mayor parte del siglo pasado y que solamente una inevitable tendencia al morbo nos permite soportar? ¿A quién le pertenece este derecho: al informador que dice lo que quiere y lo que le conviene, o a nosotros, que podemos prescindir igualmente de mucha de la basura informativa que se nos presenta y que necesitamos de una información veraz y práctica en muchos otros aspectos de la vida? ¿Se supone que el derecho a la información consiste en tener acceso a esa desordenada y variopinta maraña de noticias nacionales, internacionales, deportivas y chismes de farándula que, sin relación aparente, exhiben los noticieros locales? ¿Respetan nuestro derecho a la información quienes hacen comentarios tendenciosos, opinativos, sesgados, sin permitirnos reconocer la elemental diferencia que existe entre un hecho y una opinión? ¿Respetan nuestro derecho a la información quienes, sea cual sea su tendencia ideológica o política, han hecho de la ofensa a los entrevistados y la amarga mordacidad el mejor recurso periodístico y se amparan en ellos quizá porque no conocen otra forma de acercarse al trasfondo de los hechos?
En este país vivimos algunos ejemplos de censura que a la larga resultaron cómicos y dejaron en un evidente ridículo a sus hechores: ¿se acuerdan del intendente Bucaram cuando prohibió la exhibición de la película La luna de Bertolucci, o del alcalde Rodrigo Paz cuando censuró la película de Scorcesse La última Tentación de Cristo, basada en la excelente novela de Nikos Kazanzakis? De seguro ninguno de los dos vio previamente la película que censuró, tanto que ambas terminaron presentándose hasta en televisión, no se diga en el cine. Vemos también cómo los mismos medios se deshacen fácilmente de los periodistas que no les convienen, y me viene a la memoria la misteriosa muerte del periodista Xavier Barzola, demasiado próxima al accidente en que falleciera el presidente Jaime Roldós Aguilera. Así mismo, pienso en el retiro de un afiche en la última bienal de Cuenca, supuestamente por ‘ofender a la moral y las buenas costumbres’. Es decir, evidente u oculta, la censura ha estado presente y sigue vigente en muchos ámbitos comunicativos y aun estéticos de nuestro medio, siempre con excusas muy ‘válidas’ desde el punto de vista de los censores y con grandes interrogantes sin respuesta para los afectados.
Y vuelvo al conflicto de Correa con el diario La Hora: quizás como ciudadano agredido por las intencionadas expresiones de este periódico, el Presidente tenga derecho a iniciar la acción penal que ha planteado. Sin embargo, y esta es una opinión muy personal, me parece una actitud poco táctica, desafortunada porque atrae sobre él, al igual que su descontrolada actuación del sábado anterior, la atención de quienes andan a la caza de sus errores para ponerlos en evidencia, y que facilita también una posición de víctima por parte del periódico encausado en este juicio y de los otros agredidos y expulsados de la sala del pasado fin de semana. Como dice un refrán: “el que se enoja, pierde”, y mucho más si es un Presidente de la República.
¿Pero qué ofrecen los medios de comunicación a los usuarios? Para poner un solo ejemplo, bastante cercano a mí, y que –este sí – no tiene nada de cómico y sí mucho de trágico, la vida me ha llevado a conocer y trabar amistad con algunos cantautores ecuatorianos, cuyo innegable valor está escondido porque la mayor parte de radiodifusoras considera que este tipo de música y otras actividades artísticas no tienen “raiting”. Entonces se quedarán en el silencio por bueno que sea su trabajo, y solamente quienes tenemos una amistad personal con ellos, amén de alguno que otro interesado, podremos disfrutar de su arte y su poesía. ¿Será por respeto a la libertad de expresión? ¿Será por ceñirse a nuestro derecho a la información? ¿Por qué motivo, por poner un solo ejemplo, una tácita censura ha caído sobre estos talentosos artistas nacionales? Nadie lo sabe. Y este es solo el botón de muestra que nos indica por dónde van los intereses y las intenciones de la mayoría de nuestros medios de comunicación.
Con tristeza pienso que el presidente Correa ha caído en una trampa, ha cedido a provocaciones, y eso ha dado pretextos a sus detractores para continuar su labor de depredadores, cosa que comenzaron desde que el joven mandatario pasara a la segunda vuelta, amenazando así la comodidad y la estabilidad de los grupos y clases que de seguro tienen vinculaciones con muchos de estos medios de comunicación. Pero, por otro lado, tampoco considero que las actuales y supuestas ‘víctimas’ de una igualmente supuesta censura gubernamental sean los santos inocentes de nuestro tiempo.
domingo, 13 de mayo de 2007
ELLAS
ELLAS
y para Anita, mi hija
que me enseñaron a ser puente
para extender el camino del mayor amor que existe
quién eres tú
que renuncias a sufrir…
Pancho Prado
en alguna esquina de mi pasado
se pierde una mujer que vivió un terremoto con un niño en el vientre
y escuchó en medio de la noche los gritos de socorro de los otros pequeños
hasta que se los fueron tragando el miedo y el silencio
en alguna esquina de mi pasado
se encuentra la mujer que se casó antes de los catorce años
cambiando sus muñecas y juegos de cocina
por un hombre de bigote entrecano y ojos severos
al que trataba de usted y no se atrevía a mirar a la cara
y sin embargo se dejó hacer siete o más criaturas
sin preguntarle a la vida si eso era justo o no
en alguna esquina de mi pasado
se oculta la que tuvo varios hijos
de diferentes padres
y cuyo nombre no se debe pronunciar
en algún rincón oscuro de mi pasado
se esconde la mujer que perdió la razón y nunca más la halló
la que sedujo a un muchacho para cuya madre trabajaba
en alguna esquina de mi pasado
se agazapa una mujer desconocida
de ojos grandes y senos descomunales
que bebe con voluptuosidad los restos de sus lágrimas
y se miente hasta creérselo el cuento de que muchas veces
amar es dejar ir
en algún resquicio de mi pasado
hay alguien que sencillamente llora
y piensa que todo está bien como está
pero sigue llorando
en cualquier recoveco de mi ayer
está la hija que envejeció
cuidando de los padres y su espectro
la que prefirió vestir santos
para que nadie la desvistiera a manotazos y a mordiscos
y despertara así en su cuerpo las células dormidas del placer
por eso de que a veces la felicidad también espanta
en alguna parte
no sé en cuál exactamente
duerme la niña que murió de difteria antes de cumplir un año
y todavía agoniza de dolor la madre que la tuvo que enterrar
en el mismo lugar seguramente
se esconde aquella abuela que atravesó lo mismo otras tres veces
y jamás quiso hablarle a nadie del asunto
junto a la que vio morir a su hombre en un accidente de aviación
y a la que se prostituyó por miedo más que por monedas
a la que estaba convencida de que le pegaban porque algo había hecho
y a la que todavía muerde el deseo contra la almohada
para obtener el bendito pecado del placer
a solas desde el centro de su cuerpo
en alguna cercana vereda de mi pasado
se sienta a llorar la mujer que sabe que ya ha sido reemplazada
y despierta la mujer que descubre la fuerza en sus entrañas
en alguna otra parte
está la que vive con un hombre sabiendo que piensa en otra
y viceversa
junto a la que tiene miedo de no dar la talla
y a la que escribe palabras que nadie leerá
o a la que se enamoró de un cura
y se lo regaló a un improbable dios de humo y de papel
la que vivió y murió creyendo que era fea
pero inteligente
la que aún odia a los hombres precisamente por haberlos amado tanto
sin resultado
y la que prefirió olvidar para no soportar
ese dolor de siglos apilado en su carne
jamás llegué a enterarme de sus nombres
y jamás vi sus rostros
pero las conozco bien
vinieron de la sombra en pesadillas
me enseñaron sus llagas
y sé de sus pisadas porque yo hice lo mismo
también me desfloré sin matrimonio
y fui virgen con miedo hasta la muerte
también enterré niños
amortajé suicidas
abandoné a inocentes
seduje adolescentes
vendí mi cuerpo a cambio de comida
asesiné rivales
cuidé ancianos
desparramé veneno y salvé vidas
vestí santos y desvestí borrachos
y entre la niebla de mis propios pasos
hice de puente al entender al fin
que por alguna playa del futuro
ya camina sin prisa la mujer
que no repetirá la misma historia
porque todas pagamos el precio de su dicha
DESDE ESTE LADO

¿A dónde voy? Después de haber sido hija durante más tiempo del aconsejable, llegué al estatus de madre, y como decían los mayores, tuve hijos y comprendí.
Comprendí, por ejemplo, que las madres estamos hechas del mismo barro que los hijos, y que a veces tenemos pereza de levantarnos, y que tal vez con más frecuencia de la debida esperamos recompensas por lo que hacemos supuestamente bien cuando vivimos solamente fijándonos en los desaguisados de nuestros retoños y guardamos rencores de siglos por una nada.
Comprendí que no somos el sublime ángel de la guarda que vela por sus niños al pie de la cuna sino que a veces el mérito radica en no ceder al impulso de darles una paliza que nos mande a nosotras a la cárcel y a ellos al hospital.
Comprendí que con frecuencia cometemos el terrible error de colocar en nuestros niños y niñas la enorme responsabilidad de llenar nuestra existencia y de darnos satisfacciones (las que nosotras escogemos, no las que ellos y ellas quieran) y cumplir nuestras expectativas a costa incluso de sus anhelos, deseos, vocaciones e ideales.
Pero también comprendí que somos humanas, y como todo humano tenemos derecho a flaquear de vez en cuando.
Cuando la vida me convirtió en jefa de familia uniparental (¿unimaternal?), aprendí que ser madre es algo que te ayuda a vivir, a seguir, a sacudirte las depres y a mirar hacia adelante a pesar del dolor, la rabia, la frustración y todas las injusticias de la vida.
Aprendí a doblar y repicar, y quizá todavía no lo hago tan bien como quisiera, pero en el camino ando.
Mis hijos me enseñaron, a veces con severidad y fuerza, que debo concentrarme en lo que tengo, y no vivir lamentando lo que no tengo. Me enseñaron cuánto aprecian y valoran mi presencia a su lado y cuánta falta les hago cada vez que desaparezco o me borro de una u otra manera, aunque no sea precisamente del modo físico.
Ser madre me ayudó a descubrir el método ideal para sacar fuerzas de flaqueza, para hacerme el tubbing en Mindo a pesar de lo escaldada que siempre he sido para cualquier deporte, para caminar el medio kilómetro más que requiere acompañarlos en alguna aventura ecológica, para saber cuándo ponderar sus virtudes los pueda avergonzar y callarme la boca a tiempo aunque eso me signifique no exteriorizar como quisiera mi orgullo de madre de un guitarrista punk y de una excelente actriz infantil.
Ser madre me ayudó a descubrir mi humanidad, mi fragilidad, mi imperfección; pero también me ayudó a conocer el milagro de dar la vida con el cuerpo, a descubrir mis reservas de fortaleza y a saber que la perfección no es alcanzable pero que tarde o temprano se te reconoce el esfuerzo.
Y finalmente entendí que, si algo es indispensable que aprendamos las madres es a relajarnos un poco más y a dejar de temer el juicio que los demás (otras madres, profesoras, vecinas y un vasto etcétera) hagan de cada una de nosotras. Es cierto eso de que en cada closet hay un esqueleto escondido; pero lo más maravilloso del mundo es poder sacarlo de vez en cuando y bailar con él en plena calle, digan lo que digan esas buenas gentes que jamás se atreverían a hacer lo mismo.
En el día de las madres, saludo a mi madre y a todas las madres del mundo; pero sobre todo saludo a todos los hijos e hijas que nos han convertido en madres, porque así nos permiten disfrutar la maravilla y el horror encerrados en cada reto que guarda el desafío de cumplir este papel.
domingo, 6 de mayo de 2007
ÍTACA
para mis hijos
la mentira mordaz del canto de sirena
el cínico tridente de la angustia
la hechicería engañosa y seductora
los monstruos
esos seres de espanto y algas verdes
que algunas anhelamos a pesar del pasado
la escurridiza gloria
/una entelequia
lo sabemos
con nombre de mujer para peor/
las páginas sociales
las noticias culturales
/que vienen siendo casi casi exactas/
el camino de arteras ilusiones
el mordisco brutal del desamor
todo
cobra sentido y forma
cuando la nave encalla con sus ruedas
frente a la puerta blanca
y hay saludos y chistes
broncas y desacuerdos
viejos recados de papelería
abrazos más robados que donados
pequeñas confidencias
líos de adolescencia
despelotes domésticos y risas
anudando la trama
del telar inconcluso de la vida
SER OTRO
porque yo también soy muy cobarde y muy salvaje
y amo, con un dolor desesperado,
esta mi pobre, sucia, triste y desafortunada patria
Salvador Espriu
Otro, puede ser, más alto.
Otro que no arrrrastrrre las errrres.
Ni las essshhhhes.
Otro que se vista mejor y no parezca longo.
Otro que no tenga nariz de Sucre.
Otro que cada vez que puede meta una palabra en inglés dentro de su discurso para que sepan que sabe inglés.
O que no sabe, todo depende.
Otro, por ejemplo, que se casó con una gringa porque aunque sea de aquí les gusta a las de allá.
O viceversa.
Otro que no huela a indio.
Otro al que se le pega el acento del lugar que visita para que nadie sepa que es de este paisito en donde todos quieren ser otros.
Otro que por lo menos tiene un pariente en Europa y Estados Unidos que le manda regalos y discos compactos y cosas de allá para que todos sepan que no es que la familia está confinada aquí a perpetuidad.
Otro que conoce Miami aunque no sepa dónde queda Cuenca.
Otro que sostiene que la Argentina es un país más "culto" porque ahí hubo más influencia Europea.
Otro que hizo una maestría en cualquier parte que no sea el Ecuador y por eso es mejor que los que la hicieron aquí.
Y por supuesto mucho mejor que los que no la hicieron en ninguna parte.
Otro que quiere salir corriendo lo más rápido posible.
Otro que se avergüenza de las cosas que pasan aquí en política y se dedica a hacer pública su vergüenza con explicaciones y comentarios que no vienen al caso.
Otro que prefiera cantar a la desgracia de las Torres Gemelas y no a nuestras simples tragedias cotidianas.
Otro que viva en un sitio en donde no se hable de política en la conversación cotidiana.
Otro que quiera a su país. Pero el país también tendría que ser otro.
Y no lo es.
Y así como la madre, o el padre, o los hermanos, este lugar de origen no se puede cambiar por más que disfracemos el acento y el color de pelo y la responsabilidad de ser nosotros los que lo construimos o deconstruimos día a día tal y como está hecho.
Por más que nos desgarremos el alma y las entrañas en nuestros cómicos y patéticos intentos de ser o parecer otros.